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Recientemente se ha publicado en Nature un comentario sobre los sistemas alimentarios en relación con las siete prioridades para terminar con el hambre y ayudar a la conservación del planeta.

Para comenzar
En la actualidad, el sistema alimentario mundial está desorganizado. Una de cada diez personas está desnutrida, una de cada cuatro presenta exceso de peso y más de un tercio de la población mundial no puede permitirse una dieta saludable. El suministro de alimentos se ve interrumpido por algunas cuestiones atmosféricas y de otra índole como olas de calor, inundaciones, sequías y guerras. El número de personas que pasan hambre en 2020 fue un 15% mayor que en 2019, debido a la pandemia por la COVID-19 y algunos conflictos graves.

Las siete prioridades
Son necesarios nuevos avances impulsados por la ciencia para abordar algunos retos de máxima importancia. A continuación, se detallan de forma breve las siete prioridades fundamentales:
1. Acabar con el hambre y mejorar las dietas. Los investigadores necesitan identificar las condiciones óptimas y las oportunidades de inversión para que los alimentos sean sanos, nutritivos, asequibles y accesibles. Las medidas que mejoran conjuntamente más de uno de estos aspectos son las más eficaces.
2. Desenmascarar los sistemas alimentarios. Cuanto más globales, dinámicos y complejos se vuelven los sistemas alimentarios, más abiertos están a nuevos riesgos. Los científicos necesitan mejorar la forma de entender, controlar, analizar y comunicar esas vulnerabilidades.
3. Proteger la igualdad y los derechos. La pobreza y las desigualdades asociadas al género, la etnia y la edad, restringen el acceso de la población a alimentos saludables. Los profesionales que se dedican a investigar cuestiones socioeconómicas deben sugerir formas inclusivas de transformar los más de 400 millones de explotaciones pequeñas que hay en todo el mundo. Es necesario identificar vías para salir de los acuerdos inequitativos e injustos sobre la tierra, el crédito y la mano de obra. Potenciar los derechos de las mujeres y los jóvenes también se ha convertido en una prioridad mundial.
4. Impulsar la biociencia. Los científicos deben encontrar formas de restaurar la salud del suelo y eficiencia de los cultivos, la mejora de estos y renovar el suelo y la biosfera. Los vínculos entre todos los sistemas de la tierra deben considerarse juntos, lo que se conoce como el enfoque de Una Salud.
5. Proteger los recursos. Se necesitan herramientas para ayudar a las personas a gestionar los suelos, la tierra y el agua de forma sostenible.
6. Mantener los alimentos acuáticos. La mayor parte del enfoque de la producción de alimentos se ha centrado hasta ahora en la agricultura basada en el suelo. Los animales marítimos y las plantas acuáticas como las algas tienen mucho que ofrecer desde el punto de vista nutricional y medioambiental. Los alimentos acuáticos deberían de integrarse con mayor énfasis en la comprensión de los sistemas alimentarios.
7. Aprovechar la tecnología digital. Los robots, los sensores y la inteligencia artificial, son utilizados cada vez más en las granjas para cosechar cultivos y ordeñar vacas.

Para profundizar: acciones y objetivos
Una vez acordados los planes, la cumbre de la ONU sobre Sistemas Alimentarios tendrá que pasar a la ejecución. A continuación, un resumen de las principales sugerencias:
• Impulsar la financiación. En cuanto a la investigación, los autores de este comentario proponen que los gobiernos destinen a la investigación alimentaria al menos el 1% de la proporción del producto interior bruto de sus países que esté relacionado con sistemas alimentarios. En la actualidad, muchos países gastan sólo la mitad de eso. Los países menos desarrollados deberían recibir ayudas para poder alcanzar un nivel similar. Para acabar con el hambre en los países más pobres, se propone la creación de un fondo especial. Este fondo contaría con el apoyo de donantes de ayuda al desarrollo respaldadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial
• Aumentar la capacidad científica. El fondo especial podría utilizarse para reforzar la capacidad de investigación en los países de ingresos bajos y medios y ampliar las colaboraciones de investigación entre los sectores público y privado y entre los agricultores, las empresas emergentes y las comunidades científicas. Compartir la infraestructura y datos entre el sur y el norte del mundo, sería una buena propuesta para comenzar.
• Reforzar las interfaces entre la ciencia y la política. En contraste con muchos otros campos, la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición, no cuentan con un acuerdo o convenio internacional para consolidar las acciones. Los autores de este comentario piden a la cumbre de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios de la ONU y a los Estados miembros de la ONU, que estudien la realización de un convenio intergubernamental sobre sistemas alimentarios, análogo a las convenciones sobre el clima, la biodiversidad y la desertificación acordadas en Río de Janeiro en 1992. Este marco deberá incluir una solidez científica independiente que proporcione asesoramiento político en el seguimiento de la cumbre. Los autores recomiendan que todas las organizaciones científicas y academias con investigaciones relevantes, participen en este proceso de cambio.

Conclusiones
Poner sobre la mesa las herramientas de la ciencia, es una cuestión fundamental que ayudará a transformar el sistema alimentario mundial para acabar con el hambre y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030.

Fuente:

https://www.finut.org/las-siete-prioridades-para-acabar-con-el-hambre-y-proteger-el-planeta/

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